A Cerati, nada personal Gustavo Cerati en ViveCaribe Full view

A Cerati, nada personal

Por: Raúl Perdomo Salinas

Cuando escuché por primera vez la canción “nada personal”, en mis años mozos, nunca interpreté su significado como el que hoy le encuentro a su letra y es porque tal vez el común de la gente que escuchamos a Soda Stereo alguna vez en nuestra vida, quizás nunca entendimos del todo a Cerati.

Pero Cerati es para pensar, es “comunicación sin expresión”, Cerati fue una “voz en Off” con emoción. Deforme. Buscó algo que le sacó el mareo y encontró algo que sacudió su cabeza. Su canto surrealista, meticuloso y oculto lo plasmó en cada una de sus letras.

A Cerati algo le ocurrió, “una extraña sensación un presentimiento, tuve que dejar, de hacer el amor en el momento y ahí lo vi, un misil en mi placard, un modelo para armar, pero nunca para desarmar…” Tal como a muchos les pasa. Necesitan buscar siempre su misil en el placard para poder actuar.

Sinfónico o desconectado, siempre hizo música para volar con el pensamiento, con la razón y con los sentidos, siempre teniendo claro que en el “séptimo día, no descansaré”.

Cerati fue un náufrago que llegó a América a libertarnos de los ingleses en épocas de guerras, de Malvinas y demás. Eran los ochenta. Se nos metió en los huesos con ese nacionalismo del rock en español. Fue en ese momento el latinoamericano más escuchado. Una eternidad esperó ese instante.

Siempre oculto detrás de sus palabras místicas, enamoradas, inteligentemente sexuales. Siempre sexuales. “Me dejarás dormir al amanecer, entre tus piernas”, “una eternidad, esperé este instante y no lo dejaré deslizar en palabras quietas”… “Y cuando el mundo enmudece y las promesas engañan nos revolcamos en el jardín por donde nadie pasa”, “ella conoce mi perversión en una noche larga…y esta noche es larga…” Quizás por eso en una de sus portadas millones de semen corren presurosos hacía unos parlantes. ¡Qué soda!

Cuando cayó en coma, siempre pensé que estaba esperando a que pasara el temblor…”despiértame, cuando pase el temblor”, parecía decir, pero no, Cerati fue el único ciudadano de la ciudad de la furia que vivirá un millón de años luz y seguirá allí en el imaginario colectivo de quienes nunca lo entendimos, pero lo vimos caer en esa misma ciudad de la furia que se lo llevó. A Cerati se le derritieron las alas con la luz del sol y Buenos Aires lo despidió como el héroe que fue. Ese día todo el mundo gritó: “Hombre al agua” y se fue Cerati, sobre esas olas, con sobredosis de televisión. FIN…y cierre de la persiana americana.

Por toda tu música. Cerati. ¡Gracias…Totales!

Written by ViveCaribe

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