El Samario es… el samario es Full view

El Samario es…

Por: Neftali Reyes Basoalto

El samario, como la tierra donde nació, es una mezcla de diferentes elementos. Habla con relajo, no le afana el tiempo. Creció pensando que ver salir el sol detrás de la montaña y ocultarse en el mar, era algo común y corriente en otras partes. Cuando era niño, se distrajo persiguiendo mariposas blancas y amarillas. Escuchaba de mañana y de tarde a las cotorras, que iban y venían desde el mar hasta los cerros. Persiguió tierrelitas y torcazas, solamente para escuchar el sonido de maracas que producen cuando vuelan; y se quedó hipnotizado, al ver volar un grupo de pelícanos, en perfecta sincronía, sobre el mar. Jugó canicas, yo-yo, trompo, a El Escondido y a La Lleva. Fue un niño feliz, que jugaba descalzo en la playa, mientras su mamá le gritaba mil veces que le iba a dar insolación. Por eso, el samario huye del sol, pero nunca usa sombrilla. Camina siempre por la sombra y, después del mediodía, se resguarda en algún techo a esperar que el sol “la coja suave”. Le dice “Loca” a la brisa y lo calinchó la arena de la playa por culpa de ella.

El samario se caminó la carrera quinta, Prado Plaza y Plazuela 23, buscando ropa para el 31. Compró papitas y chocolatinas en El Ley para comer en el cine y comió buñuelos con jugo de zapote al lado del teatro Santa Marta. Lo ensució una paloma caminando por la acera, al pie de la catedral. Bailó champeta en Pescaito, vio quemarse el castillo de pólvora de San Agatón y cerró las calles para celebrar el carnaval. Comió sierra frita en Taganga, camarones donde Juancho, butifarra en el estadio y regó el mandarinazo cuando el Unión hizo gol. Vio jugar al Pibe Valderrama en la Castellana y hasta jugó con él. Se sintió en un mundial, cuando un iracundo Pibe le dijo dos madrazos por no pasar bien el balón. El samario recuerda cuando se podía bañar en los ríos Manzanares y Gaira, mucho antes de que los convirtiéramos en caños de aguas sucias. Pero todavía hace paseos a Bonda y Buritaca.

Es hijo del océano, lo conoce, pero le guarda respeto y le teme. A veces, cuando se va de la ciudad, se llena de nostalgia si ve el mar o a un ave, de las mismas que, mientras migran, hacen escala en los manglares y en la Sierra Nevada, antes de seguir camino hacia el norte o el sur. Es sencillo, alegre, pero también carga con una gran melancolía. No es partícipe de la guerra. Se enamora fácilmente. Duerme y sueña entre paisajes de montaña, río y mar. El samario sigue siendo como un niño que vive, sin saberlo, rodeado de los más suntuosos atributos de la naturaleza y que muchas veces no se esfuerza por cuidarlos, porque cree que le durarán para siempre.

Written by ViveCaribe

Estamos agradecidos y sorprendidos por la gran acogida de nuestra revista. Seguimos viviendo, creciendo, dándonos a conocer. Agradecemos a quienes nos han apoyado en este camino.

3 Comments

  • David Sanchez on

    Está excelente… Felicidades al escritor/a, me transporté de inmediato.

    Reply
  • Enrique Morales Acuña on

    Hola,
    Nunca antes me sentí tan descubierto como cuando leí esas lineas, Soy un samario nacido en el hospital San Juan de Dios y por metas de estudio me encuentro por fuera de mi ciudad (México) realizando mi postgrado… No imagina el escritor las lagrimas que de mis ojos salieron al leer el ultimo párrafo… Mis respetos y admiración ante tal escrito que se que identifica plenamente lo que es ser un samario de verdad…
    Mil gracias por recordarme con sus letras momentos vividos y que tristemente no volverán….
    Saludos,
    Enrique

    Reply
  • Nohora Barros on

    Simplemente, como dice un poeta, “uno siempre vuelve a mismas cosas donde amó primero”, fue como recordar toda una vida, niñez, adolescencia, soñando siempre el regreso. Miles de rincones viejos e inolvidables, que no le alcanzaron al escritor/a los caracteres.

    Reply

Leave a comment