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Cartagena, ¡cómo no me voy a enamorar de ti! Cartagena, cómo no me voy a enamorar de ti Full view

Cartagena, ¡cómo no me voy a enamorar de ti!

Por Darío Ernesto

Cómo no enamorarme de ti, Cartagena, si el día en que te conocí llevabas tu mejor vestido, engalanada de piedras, acompañada de pegasos y mártires, de monumentos, de castillos heroicos, de casas y calles antiguas que cuentan, sin hablar, la historia de todo un país. Cómo no enamorarme de tus murallas, si aún miran hacia el horizonte a la espera de un próximo barco pirata que nunca llegó.

Cartagena Plazas
Cartagena calles

Cómo no enamorarme del romanticismo de tus calles, que se anclaron a otros tiempos, cuando las mujeres y los hombres de Colombia soñaban con verte libre, como ahora. Cómo puedo yo dejar de soñar, si cuando me asomo por uno de tus balcones me transporto cuatrocientos años en el tiempo. Cómo puedo dejar de sentir el fragor en mi sangre si en tus rincones escucho el llamado de tu música, de tambores, de cumbias, champetas y salsas.

Como no sentarme una noche frente a la bahía de Manga para ver tus luces reflejadas en el mar y sentirme el más viejo entre los viejos y el más niño entre los niños. Cómo no enamorarme de los portales de dulces, alegrías y cocadas, de tus bóvedas cargadas de artesanías, de una tarde en la Plaza de Santo Domingo, un paseo por la Plaza de la Aduana, una foto de una escultura de Carmona. Cómo no amar una limonada de coco en Juan del Mar, una pizza en la trattoria La Picola, unas tajadas de plátano de Doña Carmen, un raspao con bastante leche condensada o un poderoso ceviche de camarones.

Cartagena Champeta
Cartagena Palenqueras Cartagena Beisbol Cartagena Casa de tablas

Amo el hablar de tu gente, Cartagena. Amo su carácter. Son frenteros. Amo todas las tonalidades de su piel e identificar el mestizaje en las facciones de sus rostros. Cómo no me voy a enamorar de esa morena que baila champeta como si fuera de hule, que se quiebra en cada movimiento para volverse a arreglar, empapada de sudor y felicidad. Cómo no enamorarme de tus palenqueras vestidas de color, con sus palanganas en la cabeza, ofreciendo frutas y dulces, de tus boxeadores de puños de acero, pero frágiles en el corazón. Cómo no jugar ajedrez en uno de tus parques, y soñar que soy Juvenal Urbino viviendo el Amor en los Tiempos del Cólera. Me enamora el sueño de tus deportistas, de esos niños que juegan bajo el sol, en canchas de tierra seca, como si lo hicieran en estadios enormes de béisbol y fútbol.

Te amo hasta en tus miserias, Cartagena. Amo el heno de tus ciénagas. Amo el desorden quejumbroso del mercado de Bazurto. Amo las periferias de casas de tabla, cartón y zinc, que se inundan cuando llueve y cuyas calles destapadas son letrinas con olores de azufre y amoníaco. Las amo, y porque las amo también me duelen. Amo tus poblaciones vecinas. Amo a Turbaco, donde mi padre me llevaba a visitar a los árboles en el Jardín Botánico, amo a Punta Canoa, donde aprendí a cultivar los frutos del mar. Y amo a San Basilio de Palenque, el lugar donde nació la dignidad de las mujeres y los hombres libres de América.

Eres bella, eres libre, eres fantástica. Cómo no me voy a enamorar de ti, Cartagena.

Cartagena Bahía de Manga 02

Written by Revista Vive

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